"Si hablamos de asma, controlar la enfermedad es ganar en calidad de vida. ¿A qué paciente con asma no le gustaría dejar de recurrir a los broncodilatadores, empezar a tener una actividad física normal, no sufrir síntomas durante la noche y descansar bien? La respuesta es obvia. Sólo es cuestión de recibir el tratamiento adecuado", enfatiza Guillermo Menga.

Su colega, Iris Medina, insistió sobre la importancia de la educación médica. "El profesional de atención primaria -señaló- debe tener una buena formación en asma, y el equipo de salud está obligado a explicarle al paciente cómo debe tomar la medicación, dado que este factor incide mucho en el resultado del tratamiento". Si un paciente está mal tratado -reflexionó- va a sufrir un impacto negativo sobre su estado general: desde consultas a guardia e internaciones hasta inasistencias laborales. "Esto también conlleva un alto costo económico", apuntó.